¿Les ha
ocurrido a ustedes aborrecer un libro sin haberlo leído, por supuesto, y sólo
porque otros lo nombran?
Prejuicios,
se llama esa conducta. A mí, que los tengo hasta decir ¡basta!, me pasa con
mucha frecuencia.
A veces
me bajo del burro y a veces no, depende de muchos factores imposibles de
reseñar y que se resumen en “porque sí”.
A “Pelo
de zanahoria” (“Poil de carotte”) de Julio Renard, le tenía unos odios horribles
y una manía paranoica. Pensaba que sería
una novela cursi, empalagosa y mema. Pero ¡qué va!
Hace
unos días se me ocurrió adquirirla para mi kindle y ayer tarde, mientras
esperaba en el taller a que cambiasen los neumáticos del coche, la acabé.
¡Me ha
gustado una barbaridad!
Madame
Lepic es una redomada cabrona hijaputa. Monsieur Lepic un perfecto indolente
malafollá. Félix y Ernestina unos perros consentidos. Y Pelo de zanahoria un
pillo cabroncete, cruel, espabilado, tierno y aprendiz de gamberro. Nos
quedamos sin saber cuál será su devenir.
La
novela está muy bien escrita, con lenguaje ágil, con muchas técnicas narrativas. Renard va al grano y los granos que te ofrece son auténticas perlas
de sencillez y profundidad.
¡Lo que
me hubiera perdido por mi mala cabeza y mis tonterías prejuiciosas!