Siguiendo con las pesambres (debe de ser cierto eso de que "cuanto más viejo, más pellejo"), otra cosa que me molesta muchísimo es que las escritoras me agobien.
Recién acaba de clausurarse la edición de la Feria del libro de Murcia del presente. Bajé a la urbe en autobús (casi tres cuartos de hora para cubrir 5 kms. ¡Viva la movilidad urbana!), porque hacerlo en coche es aún peor, y me la recorrí de una punta a otra dos veces.
Sólo me acerqué, literalmente, es decir, acercando mi cuerpo al mostrador para tocar los libros y echarles un vistazo y una hojeada, a una caseta, donde exponían sus obras dos señores extraordinarios, Paco López Mengual y José Fernández Belmonte, con los que departí amigablemente. Son muy majos. Pero me acerqué yo a ellos, les dirigí la palabra y me respondieron amablemente.
Vi (o miré) el resto de casetas desde una prudencial distancia porque me da muchísima pesambre que las escritoras me agobien, que me acosen literariamente, que me suelten su rollo sin haberlo pedido ni deseado.
Comprendo que quieran darse a conocer, que intenten ser agradables y todo eso, pero ¡no lo puedo soportar! Me gusta tocar los libros, verlos, leer la contraportada, pero no quiero que me abrumen. Como me resultaría tremendamente embarazoso decirle a la escritora que no me interesa para nada su charla y, más aún, después de haberla escuchado a la fuerza no comprarle el libro, pues eso, paso lentamente a un metro o más de distancia, no la miro a los ojos para evitar que me atrape, intento ver los libros desde la lejanía y... se pierden una oportunidad de compra.
Lo mismo me pasa con las tiendas de ropa, ¿ehhh?. Como la dependienta se me acerque y yo me sienta agobiado con el qué desea, qué busca, en qué puedo ayudarlo, zas, le digo que estaba echando un vistazo y me largo sin comprar.
¡Me da un pesambrón tremendo que me agobien! ¡Ya les consultaré si me apetece y me interesa!
¿A que me estoy volviendo un viejo pellejo y gruñón?
























