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| Fotografía de Diego Morales. |
Mi vigésimo cuarta lectura durante este proceloso año ha sido "Las aventuras de Pinocho" del italiano Carlo Collodi.
Sigo interesado en leer historias infantiles lo más fieles posibles al original y esta vez le ha tocado al bueno de Pinocho, un zagalico (que diríamos en Murcia), ya que odio mortalmente la palabra "chaval", que hoy sería etiquetado como TDAH por unos, disruptivo por otros, rabo de lagartija por aquestos o inadaptado social por aquellos. El caso es que el chiquillo cae un poco mal al principio, pero te encariñas con él conforme vas pasando de una aventura a otra. ¿Quién no se dejaría caer en la tentación de ir al País de los juguetes, donde no hay ni asomo de libros, escuelas y maestros, donde las vacaciones empiezan el primer día de enero y acaban el último día de diciembre y donde las semanas tienen seis jueves y un domingo? ¡Pues eso! El pobrecito quiere ser bueno y obediente, pero es que las tentaciones son muy fuertes... Pero, eso sí, tiene buen corazón, muy buen corazón.