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Fotografía de Diego Morales Montaje. Cuadro expuesto en la Casa del Greco de Toledo - España Ignoro tanto el nombre del cuadro como el del pintor. Lo siento... |
“Ciega
de aquel furor que me acometió como una instigación del demonio, dejé en el
suelo la bandeja vacía, metí la mano bajo el escapulario, saqué un alfiler muy
gordo y largo, de cabeza negra, que llevar conmigo solía, y cogiéndolo con
disimulo, y llegándome bonitamente al fraile, se lo clavé en la nalga con
presteza y saña, metiéndoselo hasta la cabeza… Hija, el grito que soltó Su
Paternidad, y el respingo que dio, saltando del banco y echándose mano a la
parte dolorida fueron tales, que al primer momento todas las monjas soltaron la
risa… Bufaba el fraile; yo salí huyendo avergonzada, y aquello fue un escándalo,
una tragedia… Luego me contaron que el Rey se había reído, y consolaba al Padre
diciéndole que el alfilerazo no había sido más que una broma, y que sin duda mi
intención no fue irme tan a fondo… [...] En esto me llamó Patrocinio a su celda y
hablamos lo que voy a contarte: “Yo me someto a todo lo que Su Caridad
determine –le dije-, menos a que me lleven a una casa de Orates, pues aunque
parezca loca no lo soy. El clavarle el alfiler al Padre confesor fue una
travesura… Él nos había dicho que el dolor es muy bueno y que debe
regocijarnos. Tuve la mala idea de causarle dolor para que se regocijara… Pero
no volveré a jugar con alfileres; yo se lo prometo a Su Caridad”.
"Los duendes de la camarilla". Benito Pérez Galdós. Episodio 33º.
Lo que me he podido reír con la travesura de esta monja...
A veces, cuando menos esperas, se encuentra uno con párrafos malignamente mordaces y encantadoramente malévolos. La carcajada está servida.
Este Galdós, cuando más lo leo, más me gusta.