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| Fotografía de Diego Morales |
¿La
lengua nos posee o poseemos la lengua?
Dominar
el manejo de una bici (con o sin manos, culebrinas, caballitos, frenadas,
equilibrios) nos permite desplazarnos cómodamente y a nuestro ritmo para llegar donde queramos.
En
cambio, nos resistimos a pensar en la lengua, una bici todo terreno, apta para
el llano y la montaña, como un
instrumento que está a nuestro servicio.
Es
curioso comprobar que hacemos de la
lengua una parte fundamental e irrenunciable de nuestra personalidad y
cualquier intento de modificación es considerado como un ataque contra la línea
de flotación de nuestro carácter o de nuestra esencia.
Todos
pasamos por ese estadio pero lo importante es superarlo y ahí estriba el éxito
de la educación: “poseo mi lengua; mi lengua no me posee”.
Todos
los alumnos se atrincheran cuando los corriges, verbigracia:
“me se
ha olvidado el libro, ayer
estudiemos y ya ves, to pa na; ¿acuala?, la Yénifer se copió, hubieron
muchos suspensos, llévate to lo que haiga, venirse, ¿se queréis callar?, no
preocuparos, no se preocupéis por na, habíamos cuatro personas, si te fueras
callao a tiempo…”
Y
responden, plenamente convencidos: “Pos, maestro, semos de la huerta, o semos
de campo, o semos de pueblo, o semos así”. Y con estos “ razonamientos” se
convencen y se reafirman en sus convicciones.
Los
redichos también están poseídos por la lengua. Un afamado (y acartonado)
presentador de televisión decía: “sentémoSnoS
a conversar”
Y es
que hay que vestirse con las ropas y las palabras adecuadas para cada ocasión.