Fotografía de Diego Morales
San Andrés de Teixido
La Coruña - España
Sueño del 16 al 17 de agosto de 2011. Alcalá del Júcar.
No ha sido una pesadilla taquicárdica pero me he despertado con una sensación de desasosiego y vacío:
“Estoy muerto pero no sé la causa porque no ha sido ni por enfermedad ni debido a un accidente. Sé que estoy en Monteagudo. También sé que están mis padres aunque sólo noto la presencia de mi padre. De todos modos no llego a verlos en todo el sueño.
Estoy acostado en una cama estrecha, con sábanas blancas y, aunque estoy muerto, parece como si notase el revuelo y los trajines que provoca un entierro.
Me noto los labios secos y algo blanco y pegajoso sobre ellos y pienso que son los síntomas típicos de alguien que ha fallecido.
No noto la presencia ni de mis hijos, ni de mi mujer, ni de mis hermanos ni de ningún otro familiar aunque sí las de Fernando, Pepe y un vecino del pueblo que no sabría identificar.
Digo “presencias” porque en ningún momento le veo la cara a nadie.
No hay llantos ni escenas de dolor.
Yo me sigo sintiendo apenado por mi falta de vida y por los demás y soy “consciente” de estar muerto.
Van a enterrarme en una especie de cripta grande e iluminada situada en la plaza de la capilla de San Cayetano. A esa especie de cripta se accede por una escalera y se sale por otra y la estancia forma una especie de semisótano con ventanas situadas al nivel del suelo.
Tengo curiosidad por ver la lápida, situada en uno de los accesos por escalera, y sobre todo por ver la foto que ha seleccionado mi padre y leer el texto que ha escrito sobre mi muerte, pero no consigo ver el recordatorio.
De pronto soy consciente de que no estoy muerto y que tengo que abrir los ojos (en el sueño me escuecen los ojos por mantenerlos cerrados) para decirles a todos que estoy vivo antes de que salgan de la cripta y me dejen encerrado. Pero no siento pánico ni agobio. Es como si fuese la sensación de “decepción” al pensar que no estoy muerto y por no saber la reacción de la gente, de no saber por qué estaba muerto o por qué ahora estoy vivo.
No noto terror. Tampoco alegría por saberme vivo”.
Fin del sueño.
Me he despertado con dolor en los párpados, por haber llorado y una sensación de mucha soledad.