sábado, 19 de enero de 2013

El primero

Fotografía de Diego Morales
El primero que se sienta a la mesa para acaparar el mejor sitio. No suele ayudar en la disposición de vajillas y mobiliarios pero se ve obligado a indicar con inequívoca voz de mando que falta un cuchillo y sobra un tenedor. Atrapa al vuelo las botellas de vino, pincha la oliva más oronda, atrapa el bocado más exquisito y arrambla con las últimas piezas apetitosas de todos los platos. Curiosamente, sus muchos quehaceres lo obligan a abandonar pronto la mesa disculpándose  por no poder ayudar en los menesteres de recogida de utensilios.
De buen comer, mejor paladar y refinada conversación, alabará sus preparaciones culinarias, que nadie ha degustado, y dejará, sin mala intención, por supuesto, alguna duda sobre la calidad del vino ofrecido, la frescura de la cerveza servida, el punto de sabor de un plato o la conveniencia de algún ingrediente.
Se olvidará de dar las gracias a los anfitriones debido a su excusable y alocada locuacidad pero expandirá por otras mesas y otros convites la ruindad de la amable casa a la que tuvo que acudir nada más que por puro compromiso.

8 comentarios:

CLOCHARD dijo...

Dyhego:

Y lo agradable que resulta compartir la mesa con un acompañante que no suelta ninguna tontería; eso no tiene precio.

Salud y buen apetito.

Menalcas dijo...

eso es porque no dió con mi mujer, sino ya verías. saludos

L.N.J. dijo...

Diego, tengo uno y qué te voy a contar que tú no sepas.
Son encantadores, caprichosos, cariñosos, despegados, interesados, despistados, tontorrones, listos...

lo mismo parecen ratones, conejos, peluches..., depende del bostezo que tengan o de la postura que tomen cuando duermen, juegan o te ¡muerden!

¡Miau!

Dyhego dijo...

Clochard:
Es difícil encontrar un comensal que no te dé la cena (o la comida). En general la gente habla y habla y habla sin escuchar. Como a mí me da vergüenza hablar y no soy agresivo a la hora de dar una opinión, los habladores avezados me pueden y me quitan la palabra o no me dejan poner mi aportación. Pero hace ya tiempo que aprendí a pasar. Cuando me toca algún pesado, casi siempre, le digo que sí y me dedico a pensar en mis cosas fingiendo que escuho.
Siempre lo digo y siempre lo diré, la mayoría de la gente que habla mucho cree que los que hablamos poco tenemos la obligación de escucharlos.
Salu2.

Dyhego dijo...

Menalcas:
Me gustaría tener la valentía suficiente para darles en los morros a los gorrones un par de hostias bien dadas.
Salu2.

Dyhego dijo...

Lourdes:
La gata está en la casa porque se empeñó el resto de la familia. Me gustan pero, si por mi fuera, no tendría animales, la verdad.
Que vivan su vida.
Salu2.

Hostal mi loli dijo...


Hablas poco?? pues no lo parece jajajja, los gorrones son gorrones porque siempre hay buenas personas como tu que se dejan gorronear. Saludos.

Dyhego dijo...

Loli:
No sé qué imagen puedo dar por el blog, pero te aseguro que soy más bien poco hablador.
Y en cuanto a los gorrones, tienes razón, si no les diéramos pie...
Salu2 sin gorr"i"nerías.