sábado, 16 de junio de 2018

¡Bravo, Eduardo Mendoza!

Fotografía de Diego Morales

Mi relación con Eduardo Mendoza ha sido de indiferencia, odio y reconocimiento.
Allá por la década de los ochenta, en el instituto, los compañeros de la promoción anterior a la mía tenían "La verdad sobre el caso Savolta" como lectura obligatoria. Fue la primera vez que oí hablar de este escritor.
Muchísimo tiempo después regalé "La aventura del tocador de señoras", aunque tampoco tuve ni ocasión ni curiosidad por leerlo.
Bastante tiempo después no sé cómo llegó a mis manos una novela (cuyo nombre no recuerdo) de este escritor. Esta vez me puse a leerla pero no pasé de la decimoquinta página y le tomé una manía terrible al novelista, no sé por qué, la verdad. Tanta, que doné el libro para una de esas actividades de los institutos en las que unas gentes los ofrecen y otras gentes los compran por un euro para enviar lo recaudado a una organización caritativa. Recuerdo que una compañera me lo quitó de las manos, tanta era su pasión por este señor.
Hace unas semanas, no sé por qué, reparé en este libro y me lo llevé prestado de la biblioteca.
¡Ojalá lo hubiese encontrado antes!
¡Me ha EN CAN TA DO! ¡Y me lo he pasado pipa leyéndolo!
Se troncha uno con el personaje loco, disfruta uno con ese lenguaje erudito, se ríe uno con la ironía y mordacidad de diálogos y situaciones; también deja un poso de tristeza ante la grotesca e injusta realidad humana.
¡Bravo, maestro Mendoza!

martes, 12 de junio de 2018

Uno mismo

Fotografía de Diego Morales
Supongo que sí, que todo empieza en uno mismo y acaba en uno mismo, pasando por uno mismo, desde luego, porque, ante todo, hay que ser uno mismo. No obstante, si me reinvento yo mismo ¿habré dejado de ser yo mismo para ser un nuevo yo mismo? Lo mismo me vuelvo loco mismamente.