Fotografía de Diego MoralesEl año pasado por estas fechas noté que la casa estaba viva. Se me pusieron los vellos del cogote tiesos como púas de erizo cuando, de noche, atravesaba el pasillo y notaba que una losa se estremecía a mi paso. Con los días, noté que la superficie de baldosas se ondulaba y cambiaba de posición como las arenas del desierto. Ya no cabía duda ninguna. Mi casa estaba encantada pero yo no estaba encantado de tener visitas alienígenas o paranormales o espirituales, vaya que no. Pasaron las semanas y el pasillo se parecía más a un bancal que a una mansión hecha y derecha porque las losetas se levantaron como si fueran caballones de patatas. Si por poco nos matamos al atravesar el pasillo de noche para ir de una habitación a otra. Los amigos de mis hijos decían que qué guapada de casa, con una pequeña montaña dentro y todo. Quitamos las losetas que parecían pequeñas pirámides y pa disimular y no rompernos los cuernos colocamos una alfombra mu grande mu grande que tapaba todo el desaguisado. A esas alturas de la película, ya me di cuenta que ni polstergueis ni fantasmas. Los que sí parecíamos zombis éramos nosotros al pisar la alfombra y notar el crujido del cemento descascarillado y las losetas medio rotas. ¡Qué horror y espanto!
Pues nada, un año después, hoy tenemos a los albañiles en la casa. ¡Qué alegría!
Visité cientos de tiendas de terrazos por ver si encontraba el mismo dibujo de gres pero nada de nada, así que de perdidos al río: unas plaquetas totalmente distintas pa que se vea mejor el contraste, jajajajaja.
Gracias a que estoy encerrado mientras los señores albañiles trabajan, me ha dado tiempo a ponerme al día con el blog.
Como se levanten más losetas, lo que hago es un jardín interior, con arriates pa plantar tomates y lechugas...