
No sé si habrá frutos más desagradecidos que las almendras.
Como sólo tengo un almendro las he de recolectar de una en una y parece una cosecha tremenda. Quítese la primera capa (conchos, creo que se llaman) y mengua la mitad. Tras descascarillarlas, hala, vuelve a quedarse en la mitad. Después cuécelas para quitarles el pellejo y otras vez menguan. Finalmente, fríelas hasta que queden doradas. ¡Y se comen en un santiamén!
Les invito a un aperitivo. Pongan ustedes la birra que yo ofrezco mis almendras.
¡Buen provecho!
Fotografías de Diego Morales