Ya he escuchado dos veces por la radio el palabro "mandatar". Como suele suceder, una vez que se da uno cuenta de algo, se vuelve a escuchar cada dos por tres. La primera no me acuerdo a quién, pero la segunda se lo oí a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. En el diccionario de la RAE no aparece, desde luego. Se conoce que "mandatar" quiere decir mandar con más vehemencia y autoridad. O quizás sea "ordenar algo para dejarlo atado y bien atado". O seguramente es gente tan ducha en inglés que,de tanto usarlo, olvida el español (mecachis, ya he dicho otra vez "español"). Mi brujita preferida se pasa el día "mandatando" al búho, a la escoba,a la varita, al sapo, a la rana, al murciélago... y no le hacen ni puñetero caso. ¡Y es que no "mandata" el que quiere sino el que puede! Estén, estén ustedes atentos al palabrejo.
Alumnos de 2º de Bachillerato han tenido la amabilidad y la deferencia de otorgarme este título, que recibo y acepto con orgullo y satisfacción. ¡Muchas gracias! No asistí a vuestra cena de graduación y por eso os estoy mucho más que agradecido por vuestro gesto.. No creo que ninguno de vosotros visite mi blog, pero desde aquí os deseo el mejor de los futuros. ¡Muchas gracias!
Fotografía de Diego Morales Escuela en Lublin . Polonia
Las palabras nuevas ejercen un poder hipnótico tan fuerte y sutil que es muy fácil caer en el engaño. Últimamente, en relación a la enseñanza (maldita LOMCE), se está escuchando la expresión "evaluación por proyectos". No caigan ustedes en las redes de los chamanes pedagógicos, ésos que ven a los niños de uno en uno en su despacho durante quince o veinte minutos. Es la énesima "abracadabra" que potenciará la inteligencia de los "chavales" (cuando oigo la palabra "chaval" me echo a temblar), evitará el abandono escolar y hará desaparecer el fracaso estudiantil. Escucharán ustedes por la tele y verán ustedes por la radio (¿o es al revés?) a gente muy sabionda que hablará de los milagros de la "evaluación por proyectos", que desde que sus hijos lo probaron, ya no paran de estudiar y de aprender, de día y de noche, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cuatro días del año (si es bisiesto, añadan uno, por favor). ¡Pero si esto se hace desde el principio de los tiempos, por el amor de Dios y de Buda! ¿Acaso no era un proyecto ese trabajo que te mandaba la maestra y que consistía en preguntarles a tus padres sobre su oficio para escribir una redacción? ¿No era un proyecto dibujar el mapa de España (ay, perdón, se me escapó) con sus ríos y sus cordilleras y sus mares y las islas? Etcétera. ¡Cuánta tontuna!