Tras una mañana de intensa actividad intelectual y sesudos debates ideológicos, durante los cuales les alumnes han dejado reflexiones filosóficas de profunda relevancia verbigracia: tus muertos, gilipollas, que te den, hijoputa, cabrones... he decidido bajar a la ciudad para empaparme de arte y terminar por todo lo alto una jornada de altísimo rendimiento neuronal y he visitado esta exposición:
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| Fotografía de Diego Morales. |
Una de las obras que más me ha impresionado es la siguiente:
Lo primero que me ha subyugado es el color, esa paleta cromática que arranca desde un negro carbón hasta el depurado negro existencial pasando por el elegante negro desteñido. Ese juego de matices negriles exige una técnica depurada y depuradora que nos conduce a la esencia prístina de la nada y a la experiencia total de la infinitud.
En segundo lugar, la composición se adentra en la conciencia transgeneracional, supera la dualidad de la concepción periclitada de un arte prostituido por el dinero, la ambición y la deshumanización para meternos en una nueva intelectualidad holística que aúna la experiencia telúrica del ser enfrentado a su némesis de inteligencia artificial. La forma vuelve a ser el concepto, la palabra deviene color, la idea se pigmenta en un todismo infinitesimal y la sinestesia cromática funde cuerpo, alma, sexo, sensación, sentimiento, vida y muerte en un solo momento de intensidad cósmica.
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| Manuel M. Romero Óleo sobre lienzo Fotografía de Diego Morales. |



Hola Dyhego.
ResponderEliminarNo cabría negar que las "reflexiones/lecciones" que tus alumnos te han dejado, han motivado todo ese discurso, desconocido en ti hasta hoy, de casi todo lo inmaginable... :)))))
Salud. Y buen finde, lejos de tanta "intelectualidad" juvenil.