miércoles, 2 de noviembre de 2011

Tú también, Diegvs

Fotografía de Diego Morales

¿Tú también, Brvtvs? le preguntó Caivs Fvlanvs a Caivs Menganvs. Pues sí, señoras y señores, yo también he caído en la tentación, pero es que resulta que, estoooo, pues...., mmmmmm, yo...

Aquí les dejo mi contribución a los horrores y pesadillas nocturnos...
Pasen ustedes mucho miedo... (y no me tiren huevos si no les gusta).

No mires bajo la cama.

 

Aparcó en la calle porque a las tantas de la madrugada no le parecía buena idea estacionar en el garaje donde quizás algún ladrón quisiera robarle el bolso o, peor, un violador estuviese acechándola detrás de uno de esos pilares tan anchos. Es más segura la calle, pese a todo. Cerró el coche con el dispositivo electrónico, se fijó en que se encendieran dos veces los pilotos, una vez, coche abierto, dos veces, coche cerrado, recordó aplicadamente, y echó a correr en dirección al portón con la llave preparada, para no perder tiempo.


Por debajo de un coche salió un gato casi negro, despeluzado, que se enredó entre sus piernas y mientras él seguía su alocada carrera, ella rodó por el suelo como esas plantas secas que salen en los poblados desiertos de las películas del oeste. Un señor, pitillo en la boca, sujetaba un perro que quería perseguir al gato y se ofreció a ayudarla, pero Julia, más erizada que el minino, ya estaba introduciendo la llave en el bombín sin atinar ni a dar las gracias al desconocido ni a abrir la maldita puerta. Para disculpas estoy yo, que me he desollado la pierna por culpa del gato endemoniado y del perro satánico. Ay, Señor, quien me mandará a mí recogerme tan tarde, quién me mandará a mí no aceptar que me acompañen, quién tendrá la culpa de que yo sea tan miedosa.


Cerró con doble vuelta y enganchó la cadena de la puerta y ya se quedó tranquila en la seguridad de su casa.


Los diferentes sustos que se acababa de llevar la habían puesto nerviosa y decidió darse una ducha. Cogió el cuchillo jamonero, siempre recién afilado, y lo sostuvo horizontalmente con la punta hacia delante mientras buscaba bajo la almohada el pijama. Cerró la puerta del cuarto de aseo y colocó el acero a la vista, fácil de coger, entre las botellas de gel y de champú, y dejó que el agua caliente se llevase el sudor de la fiesta, el miedo de la noche y la sangre de la herida que se había hecho en la rodilla al caer. Tendré que llevar pantalones varios días, pensó distraidamente sin dejar de mirar el cuchillo e intentando escuchar más allá del ruido del agua algún sonido preocupante.


Pienso dormir de un tirón, se dijo ya acostada, pero no podía estar tranquila sin antes echar un vistazo bajo la cama. Sofocó un grito y agarró el cuchillo mientras saltaba de la cama y abandonó la habitación con prisa. Todavía tuvo tiempo de dar un portazo pensando si le cortaría los dedos de la mano al malhechor, o mejor aún, le aplastaría la cabeza en el quicio. Se hizo fuerte tras el sofá del comedor dispuesta a morir hiriendo y se dio ánimos por si tenía que estar en vela toda la noche. Intentó adivinar dónde había dejado el móvil, calculó mentalmente la distancia que debería recorrer, pensó en escondites alternativos, imaginó que algún policía llamaría a la puerta así, porque sí.


Permaneció interminables minutos rezando, sudando y temblando pero nadie salía de la habitación. Quiso imaginarse al asesino muerto, ensangrentado, pero nunca se puede una fiar de los asesinos muertos, que resucitan cuando menos te lo esperas, te agarran del tobillo al pasar junto a ellos y te pueden rematar o del susto o de alguna cuchillada. El tiempo pasaba lentísimamente. Ojalá el cambio de hora fuera el de primavera y así se haría temprano antes. Pero esos largos momentos de angustia también le daban cierta esperanza porque si estaba muerto el violador o el ladrón o el asesino ya se habría desangrado del todo y, por tanto, su muerte sería segura, o si no, ya habría huido por la ventana o ya habría venido a asesinarla a ella. Y se veía ya muerta espantosamente. No, no, no, no quiero pensar en eso.


Así que, lentamente, se acercó de nuevo a la puerta de su alcoba, la abrió y descubrió con rara tranquilidad que todo estaba igual, excepto la sábana caída. Ni había muerto, ni cristales rotos, ni la atmósfera pesada que se crea cuando te espían en secreto.


Aún con más precauciones se agachó y miró bajo la cama, esperando que fuera el último segundo de su vida pero bajo la cama estaba su osito de peluche. Se maldijo y se llamó imbécil y rata cobarde y tonta y estúpida. Lo sacó a rastras y descubrió perpleja que el osito llevaba entre sus manos una cajita. Una cajita envuelta en papel de regalo. Se la arrebató al osito con rabia y la abrió. Leyó la dedicatoria y sostuvo en el cuenco de su mano el colgante de azabache. “Este amuleto te protegerá cuando yo no esté a tu lado para defenderte, amor mío. Debajo de la cama no siempre se esconden bichos y asesinos…”


Diego Morales. 31/10/2911

10 comentarios:

La Zarzamora dijo...

Estás de la muerte con ese careto :)

Estas mujeres que tienen miedo de tó dan pena. Los cuchillos jamoneros siempre me han gustado en los relatos de terror, le dan un punto muy casero.
Y yo me pregunto : quién le puso al osito esa cajita entre las manos...?

Un abrazo, Dyhego.

Alma dijo...

Me encanta eso de "pienso dormir toda la noche de un tirón" cuando uno ya sabe que no va a pegar ojo :D


Un beso, Dhyego

El Naranjito dijo...

Si a mi mujer le doy un regalo de esa manera el que sale corriendo delante del cuchillo jamonero soy yo.
Por cierto: muy favorecido en la foto.
Un saludo.

Dyhego dijo...

Zarzamora, ¡pero si no llevo máscara! :)
El regalito se lo puso alguien que la quería bien, como en la peli "Harri, un ami qui vous veut du bien", jajaja.
De todos modos lo escribí en una tarde, con varios paréntesis y con prisa. Sin duda hay más fallos de los que me gustaría.
Saludos sin cuchillos.

Dyhego dijo...

Alma, si es que la pobre chica iba de un susto en otro (pero sangre fría no le falta, jejejeje).
Saludos.

Dyhego dijo...

Naranjito, ¡y eso que me lavé bien lavado con una pastilla "Flota"!
Si ya lo dice el refrán, quien bien te quiere...
Para San Valentín continuaré la historia...
Saludos.
(No enfades a una mujer, que quien más pierde somos nosotros).

Liliana G. dijo...

¡¡Dyhego, Blogger me "eliminó" mis blogs!! Vengo del blog de Ridao haciendo una cadena de búsqueda, pues perdí todos los contactos. Ya leeré tu entrada y crearé un blog "fantasma", pasaré por aquí para avisarte.

Besotes.

Torcuato dijo...

Un final muy tranquilizador para un relato que me recordó a la película "Repulsión" de Polanski. Menuda paranoica, je, je.
Un abrazo, Dyhego.

Dyhego dijo...

Liliana:
algo parecido me pasó hace unas semanas. Pensé que lo había perdido todo. También escribí a todas las direcciones de blogger que encontré y poco a poco pude volver a entrar a mi bitácora. Seguro que todo se arreglará.
Cariños positivos.

Dyhego dijo...

No he visto esa película, Torcuato, pero intentaré verla. Me parece un raro "Polanski", pero intentaré verla.
Pretendía jugar con los miedos que todos tenemos.
Saludos.